jueves, 27 de diciembre de 2012
VIDA
Y nació, y con ella llegaron un montón de sentimientos y de miedos. Nunca antes había experimentado nada igual y aunque ha pasado tiempo desde entonces, todavía no tengo palabras para explicar ese momento. No importaba el dolor, solo ella era importante, que todo estuviera bien. Nueve meses esperando para poder verla, poder disfrutar de sus pequeñas manos de su carita sonrosada, todo pasa en unos minutos, en un segundo, en ese momento en el que con un ultimo empujón puedo ver como aparece entre mis piernas y oigo su llanto, y siento su piel por primera vez y la miro y me mira y es como si ella supiera quien soy yo, quien le ha dado la vida. Ese ratito que se la llevan y la miran y la limpian, se hace eterno pero regresa a mi en los brazos de su padre y la miro y veo tanto de los dos en ella. Una alegría inmensa me invade y un amor eterno que nunca desaparecerá. Por instinto al colocarla en mi pecho sabe lo que tiene que hacer y mi cuerpo le alimenta, poco a poco, saca de mi lo que necesita, ese vinculo es indestructible, invulnerable, mágico, eterno, nada puede compararse.
Dia a día la ves crecer, su primer diente, su primera palabra, sus primeros pasos, su primer cumpleaños y primeros Reyes, y todo es alegría, y quieres que todo en su vida sea igual.
Pero sabes que no será así, que tendrá otros momentos, pero tu eres su madre y siempre estarás ahí para ayudarla, para apoyarla, para animarla, levantarla. Y la vida os llevara por un camino que recorréis juntas y quizá un día sea ella, la que espere nueve meses y vea como da vida a alguien por quien daría la suya.
jueves, 6 de diciembre de 2012
UN SEGUNDO
La soledad, el frio y el miedo, son mis compañeros de vida, de una vida perdida tras noches de alcohol y drogas, de una vida vivida al límite, llena de excesos. Una vida en la que lo tenía todo dinero, trabajo, familia. Todo aquello por lo que muchos luchan y otros pocos, dejamos perder en un segundo. Un segundo es el que tarde en decidir si quería dejar atrás la vida costumbrista en la que me había educado o lanzarme al desenfreno, nada ni nadie consiguió que cambiara mi decisión. Al principio todo era diversión, lujo, acceso a muchas cosas que quería probar. Whisky, póker, coca, era una combinación que me llenaba de energía, me hacia sentir superior, pero poco a poco, lo que empecé controlando, se fue apoderando de mi hasta que la combinación letal era la que me dominaba, con la primera paliza por deudas, creí que todo había acabado, pero la suerte volvió a enredarme, volvió a engañarme haciéndome creer que estaba de mi parte. Era una prueba, una prueba para saber si había aprendido la lección. Y no, no la había aprendido, necesite acabar en el hospital con todos mi huesos rotos o al menos eso me creía por el dolor que sentía, para darme cuenta de todo lo que había perdido y que nunca volvería a recuperar. Ahora se lo que es vivir sin nada, sin dinero, sin trabajo, sin familia, y lo que es aun peor, sin orgullo. El día consigo pasarlo escapando de las miradas lastimeras de quien pasa a mi lado con aire de superioridad y deseando que desaparezca de su vista, le molesto, tan solo mi presencia es suficiente para hacerle sentir incomodo, tan incomodo como yo me siento cuando busco por los cubos de basura algo que me ayude a calmar mi estomago. Pero la noche, la noche es diferente, es dura, solitaria, llena de sombras que albergan una mezcla de miseria y odio, miseria de quienes como yo lo han perdido todo, y un cartón es su casa y el vino su alimento diario, todo aquello por lo que mataría. Y el odio, el odio de quien al amparo de la oscuridad nocturna sale como dicen ellos, a limpiar de escoria la ciudad. Cuando los oyes llegar solo te queda una salida permanecer quieto, en silencio, rezando o pensando, que esta vez no te toque a ti, y que si te toca, del primer golpe pierdas la consciencia o casi mejor la vida. Y llega el día y añoras lo que en un principio tuviste, y sigues sobreviviendo pensado en lo que será de tu vida, porque tiempo es lo que mas tengo y pienso, en mi muerte, en mi entierro en definitiva en mi soledad, porque hasta en ese ultimo momento estaría solo. Aunque a veces pienso y me da fuerzas, que quizá y solo quizá, aunque esta no sea mi ciudad alguien me mira, no con desprecio, sino con sorpresa, y con sorpresa sale un nombre de su boca, como una pregunta ¿Marcos?, y me tiende una mano, y en ese momento en un único segundo vuelvo a tomar una decisión, agarrar con fuerza esa mano y dejar a tras todo aquello en lo que me he convertido y volver. Volver al hogar del que nunca debí salir y el que nunca volvería a abandonar.
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