Paseaba tranquilamente por el campo, disfrutaba del
silencio, de la tranquilidad, buscando descanso para el alma, e intentaba conectar con la naturaleza absorbiendo toda la energía que me
era posible.
Necesitaba desconectar, alejarme de todas mis
responsabilidades y darme un descanso mental, fue entonces que sentí una ráfaga
de aire, que me impulso a parar mi paso, simultáneamente, abrí mis brazos en
cruz con las palmas de mis manos al frente y cerraba mis ojos.
En ese momento entregue mi cuerpo a toda tu fuerza, me
sentía ligera, subiendo poco a poco hacia el cielo, dejándome llevar.
Libre, que sensación más fuerte, libre como el viento que me
lleva lejos por encima de todas las cosas y que por un momento me aleja de todo
lo que me preocupa y ocupa a diario, de todo
lo que mi alma tortura, y a la vez llena de vida, lejos y libre que bella
sensación.
Ser viento y poder acariciar la copa de los árboles,
acompañar a las aves en su peregrinar, mover el trigo a mi compás, y las campanas
hacerlas sonar, ser viento y de un lado a otro viajar.
Ser viento para tu cara poder rozar, tu pelo alborotar,
llevarme en mi tu aroma y tu boca besar.
Pierdo altura y vuelvo a sentir mis pies en el suelo, vuelvo
a sentir mi alma en mi cuerpo y vuelvo a ser yo, la misma que salió a caminar,
en busca de un poco de paz y que vuelve al murmullo del mundo, a la vida de su
hogar.
Con un deseo en la
mente, quien pudiera ser viento para echarse a volar, y disfrutar por un
momento de un poco de libertad.