domingo, 20 de abril de 2014

COMO EL VIENTO

Paseaba tranquilamente por el campo, disfrutaba del silencio, de la tranquilidad, buscando descanso para el alma, e intentaba conectar  con la naturaleza absorbiendo toda la energía que me era posible.

Necesitaba desconectar, alejarme de todas mis responsabilidades y darme un descanso mental, fue entonces que sentí una ráfaga de aire, que me impulso a parar mi paso, simultáneamente, abrí mis brazos en cruz con las palmas de mis manos al frente y cerraba mis ojos.

En ese momento entregue mi cuerpo a toda tu fuerza, me sentía ligera, subiendo poco a poco hacia el cielo, dejándome llevar.

Libre, que sensación más fuerte, libre como el viento que me lleva lejos por encima de todas las cosas y que por un momento me aleja de todo lo que me preocupa  y ocupa a diario, de todo lo que mi alma tortura, y a la vez llena de vida, lejos y libre que bella sensación.

Ser viento y poder acariciar la copa de los árboles, acompañar a las aves en su peregrinar, mover el trigo a mi compás, y las campanas hacerlas sonar, ser viento y de un lado a otro viajar.
Ser viento para tu cara poder rozar, tu pelo alborotar, llevarme en mi tu aroma y tu boca besar.

Pierdo altura y vuelvo a sentir mis pies en el suelo, vuelvo a sentir mi alma en mi cuerpo y vuelvo a ser yo, la misma que salió a caminar, en busca de un poco de paz y que vuelve al murmullo del mundo, a la vida de su hogar.


Con un deseo  en la mente, quien pudiera ser viento para echarse a volar, y disfrutar por un momento de un poco de libertad.