Tras varias horas de vuelo, por fin llegamos. La emoción me
embargaba, y deseaba llegar al hotel, dejar las maletas quitarme la ropa y
ponerme el bikini y el pareo para dirigirme directamente a la piscina.
Estuve a punto de no meter nada mas en la maleta, pero pensé
que en algún momento me apetecería hacer algo mas que estar tumbada al sol, en
la hamaca de la playa.
Casi sin darme cuenta ya estaba instalada, había seguido mi
ritual de cada viaje, coloque la ropa en el armario los enseres de aseo en el
baño, los zapatos ordenados y el reloj en el fondo de maleta. Ahí te quedas
hasta dentro de una semana, cerré la
cremallera y ese sencillo gesto me hizo sentir lo que tanto estaba ansiando,
estaba de vacaciones.
Llevaba todo lo que necesitaba para el resto del dia, mi
bolsa, la crema para el sol, mis gafas, y un libro que había empezado en varias
ocasiones y nunca había conseguido leer más de cinco paginas.
Eche un vistazo a mi alrededor y vi una hamaca bien situada
cerca de la piscina y con vistas al mar, donde podría bajar a bañarme siguiendo
el pequeño sendero que llevaba a la playa privada
Respire profundamente, y me acomode, coloque la hamaca
haciendo un angulo casi de 120 grados, lo que me permitía tener una postura
cómoda y además no perder de vista todo lo que allí pudiera pasar.
Y no era mucho lo que
pasaba, o al menos nada que llamara mi atención. Tome el libro entre mis manos y me entregue a la lectura.
Fue la sequedad de mi garganta y el leve hilo de saliva que me
notaba en la comisura de los labios lo que me saco con un sobresalto del
profundo sueño en el que me encontraba.
No me lo podía creer, que horror, el libro caído a un lado,
la piscina llena de gente, mi cuerpo sonrosado y un sentimiento de vergüenza a
flor de piel.
Se encuentra bien?, me pregunto mientras se acercaba uno de
los camareros.
Si, si… por qué?
La he oído dar un pequeño grito y creí que le ocurría algo.
Grito? Pero que has hecho, mientras dormías.
Afortunadamente, me ofreció una bebida, y un trago
refrescante, calmo la ansiedad que por
unos minutos se estaba apoderando de mi. Pero bueno que haces…. Es que crees
que nadie de los que están aquí se han quedado dormidos alguna vez….pensé y poco
a poco fui recobrando la calma y notando una sensación de hambre, que me animo
a dirigirme al restaurante que había en la parte posterior.
Fueron transcurriendo las horas y cada vez mas me sentía
entregada a la agradable sensación de no tener nada que hacer.
Alquile una de la bicicletas y di un paseo a lo largo del
lado oeste de la costa de la isla, en apenas hora y media, podría recorrer la
costa entera, pero eso seria otro día, por hoy ya estaba bien.
Volvi a la habitación me duche y me vestí, para bajar a
cenar. El amplio salón del restaurante tenía ya un gran numero de mesas ocupadas,
el camarero me acompaño hasta una situada al lado de la ventana desde donde
podía ver un bello jardín de plantas y
flores exóticas, rodeado de fuentes, que incitaba como todo en aquel lugar a la relajación y al descanso.
Me sorprendí observando atentamente a un joven, que se había
sentado en unos de los bancos de hierro forjado que estaban distribuidos estratégicamente
por todo el jardín.
Reposaba su cabeza en el respaldo y permanecía con su cuerpo
estirado, parecía cansado. Vestía pantalón oscuro y camisa clara, que podría
medir? un metro ochenta, unos treinta y tantos quizá cuarenta?, solo la
pregunta, de desea algo mas? Me distrajo de mi objetivo, el cual había
desaparecido, cuando devolví la mirada al banco en cuestión.
La noche transcurrió sin mas y el cansancio consiguió que
durmiera toda la noche, alejando
completamente de mi la sensación de jet lag.
Amanecí con ganas de actividad y después de tomarme un
suculento desayuno y saborear un riquísimo zumo de frutas. Me dirigí al centro
de actividades, elegí un pequeño pack que me permitía visitar varias islas de
alrededor, hacer un poco de snorkel y disfrutar de un poco de aventura en
kuack, un poco de acción.
Fue en el embarcadero, donde volví a encontrarme con mi amigo
del banco, en esta ocasión su indumentaria era más informal, y pude apreciar,
su ancha espalda y su pelo, con un largo
que le cubría la nuca, y que te
permitiría hacer desaparecer los dedos de tu mano al acariciarlo.
Interesante.
El desplazamiento en barco fue algo accidentado, pero mereció
la pena llegar a Isla Monde y disfrutar de sus aguas transparentes color
esmeralda, y de sus corales.
Entre idas y venidas a diferentes zonas de la isla fueron
pasando los días y el fin de aquellas maravillosas vacaciones estaba a punto de
llegar. Nunca creí que hubiera disfrutado tanto montando en moto acuática,
surcando el mar y sintiendo el aire y el agua en la cara, o conduciendo a
través de la selva viendo mariposas mas grandes que la palma de mi mano.
No era muy amiga de hacer fotos, se que todo aquello quedaría
grabado en mi recuerdo, para mi era suficiente.
Por ser mi último día, decidí
dedicarlo por entero a la nada y al todo cuidado de mi misma, así como
fue el primero quería que fuera el último, disfrute de la piscina, de la playa,
de un tranquilo paseo a lo largo de la costa de deliciosa comida local, a base
de pescado fresco y una sabrosa ensalada de frutas, papaya, mango,
naranja… al llegar la tarde y después de
haber nadado en el mar por ultima vez, subi a la habitación para darme un
relajante baño de espuma, hidrate mi cuerpo con el body milk , natural que
había comprado en unos de los puestos ecológicos del puerto. Me vesti
lentamente, quería que estas ultimas horas, se alargaran lo máximo posible,
elegi para esta ocasión, el vestido estampado, de espalda al aire, atado a mi
cuello, y con el suficiente escote como para llamar ligeramente la atención
pero sin ser excesivo y que todas las miradas se centraran en esa parte de mi
cuerpo, sandalias de tacón medio, un poco de color en las mejillas y un tono
rouge en los labios.
Mi pelo estaba sedoso, gracias a la mascarilla que durante un buen rato
había dejado hacer su efecto en el y que había dado los resultados esperados,
me había costado pero por fin tenia la melena que tanto había deseado tener.
Me sentía perfecta, preparada para disfrutar de esta última
noche, como era costumbre me dirigí al restaurante y como cada noche, Jonas me
acompañaba a la mesa de la ventana, después de una semana, conocía de sobra mi
rutina y me sirvió una copa de vino blanco frio, la cual me bebería mientras
elegía de la carta mi cena.
Me deje aconsejar, y mientras saboreaba el rico coctel de
marisco, le vi de nuevo. Alli estaba en
el mismo lugar, en el mismo banco, le observaba cuando se giro y dirigió su
mirada hacia mi, sonreí y mantuvimos la mirada, hasta que de nuevo, el oportuno
camarero me hizo una pregunta en relación a la cena.
Una vez mas y como si de atrapada en el tiempo se tratara,
cuando volví la mirada, el chico misterioso ya no estaba allí, seguí degustando
mi cena y saboreando el rico vino que había elegido para acompañarla, notaba
que en mi cara se dibujaba una sonrisa recordando la extraña situación.
Fue entonces y al tiempo que pedía permiso para acompañarme,
el misterioso hombre se sentó en mi mesa,
justo para el postre.
En otro momento y en otro lugar, seguramente que esa actitud
de sobrado me hubiese molestado, y dándome por ofendida, le hubiera invitado a
abandonar mi mesa, pero yo me iba mañana y me apetecía mantener una
conversación con ese hombre atractivo, que al final había tenido la suerte de
conocer.
Hablamos de la isla, del hotel, de la gente del lugar, los
turistas, de los vinos, la playa, las estrellas de mar, la conversación y las
carcajadas fluían como si de dos buenos amigos se hubieran juntado para
celebrar algo.
Nos fuimos al lobbing bar, donde tomamos varios cocteles, que
poco a poco fueron haciendo efecto, y que aligeraron la conversación,
volviéndola más intima y personal, sin apenas darme cuenta, estábamos hablando
el uno al lado del otro, acariciando nuestras manos y por momentos sentía su
mano en mi pelo o la mía en su pierna,
estábamos cerca, tan cerca, que el siguiente paso fue un beso, uno tras
otro, que nos llevaron a la habitación, suavemente se deshizo de mi vestido y
yo de su camisa, nos acariciábamos y sentíamos la respiración que acompasábamos
al ritmo de los besos, no había ya nada entre nosotros y fueron nuestros
cuerpos los que hablaron a partir de ese momento, una y otra vez nos entregamos hasta que exhaustos
nos quedamos dormidos.
Y como si de un pesadilla se tratase, nuevamente la sequedad
de mi garganta un ligero hilo de saliva que sentía
en la comisuras de mis labios, me sacaron brutalmente, de ese delicioso sueño.
Donde estaba, donde estaba el misterioso joven atractivo del
banco del jardín, no tenia tiempo de mas preguntas, tenia que estar lista en
una hora, mi vuelo de vuelta a casa saldría en cuatro y debía estar en el
aeropuerto al menos dos antes.
Recogí mi equipaje con el dulce recuerdo de la última noche,
avise al servicio de habitaciones y tome un pequeño tentempié, estaba prepara y
entregado las llaves en recepción, cuando una señorita muy amable salió de
detrás del mostrador con un paquete en la mano.
Disculpe pero esto lo han dejado para Ud., que tenga buen
viaje.
Las rutinas de embarque se sucedieron una tras otra, y solo
cuando ya estaba sentada en mi asiento,
fue cuando pude abrir la cajita que me habían entregado al salir del
hotel. Una llave. Habitación 3003. Para cuando desees volver.