domingo, 1 de mayo de 2016

CINCO MINUTOS

Deseaba llegar a casa, despojarme de la chaqueta, los tacones, la falda…. en definitiva, despojarme por completo de una jornada laboral aburrida y larga, muy larga, y entregarme a la placentera sensación de una ducha caliente.
Y no lo dude, abrí la puerta de casa y con ese sencillo gesto quise que empezara a invadirme la paz que tanto necesitaba, y como había imaginado en el viaje de vuelta a casa, fui desnudándome dirección al baño, abrí el grifo del agua caliente, y poco a poco el vapor fue invadiendo la estancia.
Por fin empecé a sentir el calor del agua sobre mi piel desnuda, arrastrando con ella, cada llamada de teléfono, cada orden de mi jefe, cada cotilleo de mis compañeros, el olor a fritanga del restaurante del polígono, mi propio olor corporal ya transformado a lo largo del día, dejando atrás el fresco aroma de mi perfume favorito y empezando a dar paso al conjunto de otros muchos aromas que nada tenían que ver conmigo.
Apoyé mis brazos en alto contra la pared, cerré los ojos y deje fluir el agua llevándose con ella todo lo negativo del día, me empezaba a sentir limpia y en ese momento te sentí a mi espalda, sentí una mezcla de susto y alegría, una pícara sonrisa se reflejó en mi rostro y deje que mi cuerpo se relajara totalmente. Poco a poco fuiste acariciando cada centímetro de mi pieL, cubriéndolo con una capa de espuma que me hacía llegar un dulce aroma a rosas… tus manos se deslizaban suavemente por mis hombros, a lo largo de mis brazos y retrocedían para no olvidar mi pecho, enjabonabas mi vientre y mi cadera, alargando la sensación hasta el final de mi espalda, y recorrías mis piernas de principio a fin, sintiendo como se aflojaban, me había entregado totalmente a la excitante sensación. De repente oigo un grito que me saca de golpe de mi ensoñación….
-          - Mamaaaaaaaaa, el teleeeefoooonoooooo.

Mi cuerpo se tensa al darme cuenta que el cansancio me había hecho cerrar los ojos peligrosamente dejándome seducir por un libidinoso deseo, que nada tenía que ver con la realidad, y que dejaba entrever las carencias de mi separación, enrolle una toalla alrededor de mi cuerpo y otra en la cabeza y como buenamente pude y a medio secar, salí de la ducha, y allí estaba mi pequeño con el teléfono en la mano hablando con mi madre.
        - Dime mama....
Oía sin mucha atención las palabras de mi madre, mientras mentalmente tornaba a la realidad y retomaba el control sobre todo aquello que me quedaba por hacer todavía antes de acostarme.
Cinco minutos, solo necesitaba cinco minutos, otra vez será. 



miércoles, 20 de enero de 2016

MAS ALLA DEL RECUERDO


Como todos los días, nos encontramos en la orilla del lago, desde hace tiempo vamos allí cada día para escondernos del resto del mundo y poder hacer lo que más nos gusta. Subir a lo alto de la montaña y desde allí observar el horizonte. Mientras realizamos el ascenso, tú te conviertes en uno de los valientes guerreros de nuestros clanes y diriges la expedición luchando contra todo aquello que se nos pone en el camino, plantas, arbustos y pequeños animales que en nuestra imaginación se convierten en peligrosos invasores que nos atacan venidos de lejanas tierras. Mientras, yo te sigo sin oposición, tu decides que soy en cada ocasión, a veces miembro de tu grupo de expedición, otras me llevas como si fuera tu prisionero y otras simplemente obedezco tus ordenes sin más. No importa por donde decides ir, allí estoy yo, siempre a tu lado. Porque durante el tiempo que paso contigo puedo hacer todo aquello que me gusta, saltar, correr, nadar en el lago, a tu lado, no hay obligaciones, a tu lado solo soy una joven muchacha.
Aquel día, yo llegaba tarde a nuestro encuentro diario, con las prisas, no me di cuenta de cambiarme el vestido y ponerme las ropas de mi hermano que escondía tras unos arbustos, que había en el camino por el que me alejaba del poblado. Corría y corría, anhelando encontrarme contigo, siendo consciente que más allá de los juegos, más allá de sentirme libre, lo que más deseaba era simplemente estar contigo.
Llegue casi sin aliento y paré en seco, cuando te encontré, estabas dando vueltas como un animal encerrado, estabas nervioso, inquieto, te diste la vuelta y me viste, me sonreíste y mi corazón se aceleró mucho más, inmediatamente tu rostro se transformó y la sonrisa dio paso a una cara de asombro que me hizo sonrojar, fue en ese momento cuando me di cuenta de mi indumentaria. Nunca antes me habías mirado así.
Intentando romper este momento, cogí una rama del suelo y como si de una espada se tratase, la empuñe y te apunte, retándote a luchar.
Pero tú no quisiste que peleáramos, como tantas otras veces lo habíamos hecho. Esta vez, solo me indicaste el camino que recorríamos todos los días e iniciaste la andadura, igual que siempre yo te seguía, pero hoy era distinto, subíamos charlando, hablando de nuestras familias, de nuestros poblados, tan cercanos y tan lejanos a la vez. No creo que a nadie le gustara que estuviéramos allí, juntos. Este pensamiento me hizo estremecer y acelere el paso colocándome a tu lado, y agarrándote del brazo, notaste mi temblor y me cogiste de la mano, como si supieras lo que en mi mente rondaba, pues eran tus pensamientos similares.
Llegamos a la cima y allí todo parecía diferente, o quizá éramos nosotros los diferentes en aquel día.
Nos sentamos el uno frente al otro, y nos miramos fijamente. Ya no veía al joven muchacho con el que pelearme, ni tú me mirabas como tu compañero de aventuras, se diría que acababas de descubrir que era una chica. Hablamos y hablamos, reíamos y nos sentíamos felices, encendiste un pequeño fuego y yo me coloqué a tu lado, tan cerca como pude. No quería moverme de allí, y adivinaba que a ti te pasaba lo mismo.
A partir de aquel día, las cosas cambiaron, yo ya no me cambiaba de ropa para nuestro encuentro, y tu te preocupabas de que no me pasara nada, me ayudabas a subir por las piedras o me sujetabas cuando queríamos bajar las pendientes, lo que en otro momento me hubiera ofendido, ya que me considera un guerrero igual que tu, ahora me alagaba y buscaba, solo por el hecho de sentirme segura.
Sentía que a tu lado no podía pasarme nada, y que nada, ni nadie podría separarnos. Siguiendo nuestra rutina hicimos una pequeña hoguera, y nos sentamos uno junto al otro, pasaste tu brazo sobre mi hombro y me acercaste a ti, para darme tu calor. Me miraste y besaste mi frente, te acercaste y me susurraste al oído:
-          No me dejes nunca.
-          Siempre estaremos juntos, conteste volviendo a cobijarme entre tus brazos
No necesitamos utilizar las palabras que usaban nuestros mayores para saber de nuestros sentimientos, aquellas simples palabras, fueron una declaración de amor en toda regla. Un juramento de amor eterno.
Abrazados nos quedamos dormidos y fue así como despertamos al amanecer. Iniciamos el camino hacia nuestros respectivos poblados.
Cuando llegué a las cercanías de mi hogar, me crucé con varios hombres que andaban buscándome entre la maleza, me agarraron y me llevaron ante mi padre.
Cuando me pusieron ante él, recibí tal golpe que me desplomé de costado, golpeando mi cadera contra el suelo, pero era mayor el dolor de mi corazón y el de mi alma que el de los golpes que acaba de recibir.
No entendía nada de lo que allí estaba pasando, no se cómo se había enterado que me encontraba contigo y el creía que había sido deshonrada, y en consecuencia deshonrado a la familia, estaba como loco. Hablaba de no sé qué clan, ni que jefe, ni que hijo, era como si yo no tuviera nada que decir ni que opinar en todo aquello.
Fueron varios días, los que permanecí encerrada, apenas si me daban alimento, y nada me importaba más que el hecho de no volver a estar contigo, saber que te habría pasado,  si habrías vuelto a nuestro lago, a nuestra montaña, no podía decirte que me estaba pasando,  para que vinieras a rescatarme.
Una mañana, me entregaron ropa nueva y me indicaron que me cambiase y que me preparase para viajar.
Un viaje, yo no quiero ir a ninguna parte, no quiero irme de aquí, no quiero alejarme de ti, te lo prometí, te dije que siempre estaríamos juntos.
Apareció en la puerta mi padre, le acompañaba un hombre de igual apariencia, y diría igual edad, me miro y esbozó un gesto de satisfacción que me hizo temblar, le entrego a mi padre una pequeña saca de monedas y me indico que saliera, medio poblado se hallaba a las puertas de mi hogar, sus miradas se clavaban en mi.
El rudo hombre me agarró y me subió al carro en el que había venido, y entonces lo entendí todo, mi padre me había entregado como esposa a ese viejo repugnante, a cambio de unas pocas monedas, con el pensamiento de que con este gesto, la familia vería restablecido su honor….
Quería morirme, y ojalá me hubiera muerto en aquel momento, a partir de aquel día mi vida se convirtió en un infierno, en manos de un hombre que no me mostró ningún respeto, y mucho menos un ápice de aprecio y al que odiaba con toda mi alma.

Solo el recuerdo de los momentos a tu lado, hacían que pasaran los días menos amargos, me refugiaba en ellos, como lo hacía en tus brazos, y un día tras otro me repetía la promesa que te había hecho, jurándome que fuera en la vida que fuera, volvería a encontrarme contigo y te entregaría el amor, que no dejaron que te entregara en esta. Y que de alguna forma u otra te explicaría que jamás te deje, que no te olvide y que siempre te amé.

jueves, 20 de agosto de 2015

LAS CINCO DE LA TARDE

Son las cinco de la tarde, todos los rituales han sido llevados a cabo con minuciosa pulcritud y sensibilidad.
Me coloco frente a chiqueros y muerdo el capote, templo los nervios y el miedo. El primero está a punto de salir, la plaza está llena, y salvo un leve murmullo el silencio invade los sentidos. Me ajusto la montera y aflojo el cuello.
Afortunado se llama el castaño bizco, que me ha tocado en suerte, y con el que espero poder hacer una buena faena, y agradar a este público, que siempre sabe responder ante la entrega y el riesgo.
Me coloco, y tengo un único deseo: Virgen de la misericordia, protégeme con tu manto, abren y Afortunado sale directo hacia mi.
Te recibo con una verónica y sales desviado por la derecha me vuelvo y consigo llamar de nuevo tu atención, tiendo el capote y vuelves a mi, esta vez pasas en corto y enseguida vuelves, una media verónica te muestra el camino y  te coloca para el tercio de varas.
El tercio ha sido bueno, consigo hilvanar buenos capotazos, donde te siento tan cerca que nos rozamos, y regresas  cercano,  la chicuelina frena tu paso y te coloca para el tercio de banderillas. Me gusta tu enviste por la izquierda.
Cambio el capote por la muleta y te observo, mis subalternos te sacan a los  centros y nos miramos.
Me quito la montera, le he pedido permiso al Presidente para brindarte al público, en estos tiempos, más que nunca, se merecen agradecerles que estén ahí, a pesar de las críticas a pesar del daño que nos están haciendo algunos,  ellos son fieles a nuestro sentimiento. Gracias de corazón. Va por Udes. Lanzo hacia atrás la montera por encima de mi hombro y cae,  la suerte esta de cara, no lo veo pero lo noto en el sentir del público. Vamos allá.
Ahora eres tu el que me espera, el que me mira inquieto, viendo como me acerco lentamente, ajustando la muleta a la espada sin perderte ni un momento de vista.
Ya estoy cerca, muy cerca, empieza el arte, aunque haya mucha gente que no lo entienda, siento que este es uno de los momentos más bonitos de mi vida, justo este, en el que tu y yo medimos nuestras fuerzas, a sabiendas de que al final, solo podrá quedar uno, me gustaría que todos experimentaran el sentimiento, cuando lanzo mi capote y tu entras y acompasas mis naturales con especial medida, cerca pero sin rozarme, me sigues con la mirada, estas pendiente de cualquier fallo que pueda tener, esa será tu oportunidad de marcarme con tu fuerza y decirme que aquí somos dos los que peleamos por nuestra vida, y te respeto y entiendo que sea así, tu nobleza me permite agradar, sigo por naturales y  remato con un  pase de pecho que  consigue el aplauso del respetable. Pero tu no te rindes, tienes mucho que decir todavía, el cuerpo a cuerpo no ha terminado y hasta el último momento darás muestra de tu bravura, y me dejaras claro que no va a ser fácil, me dejas acariciarte nuevamente mientras pasas a mi lado y ejecuto una manoletina, todo va bien, tu entrega es admirable si alguien pudiera entender el agradecimiento que te tengo en este momento, como te estas entregando a la lidia, como sigues mis lances pero ahí estas tu, para recordarme quien eres, me despojas de la muleta y un grito seco se escucha, consigo revolverme y hacerme de nuevo con ella, tranquilo, no pasa nada, tranquilo. Dame un poquito más, el pase cambiado por la espalda, marca que el final está cerca.
Y llega el momento, cambio la espada y miro al cielo, quédate conmigo un poquito más virgencita…. Nos colocamos ambos, eres noble hasta el último momento, como si supieras el desenlace te colocas frente a mi y como si reconocieras mi valor, agachas tu cabeza, te entregas por completo, lo noto y me coloco, alzo el brazo, coloco mi mano, empuño fuerte la espada, mis piernas están colocadas una por delante de la otra, inclino la muleta, extiendo mi cuerpo hacia delante y avanzo con seguridad, noto como la espada se introduce en tu cuerpo y toco tu lomo con mi mano, ya está… digna muerte para un animal de bravura demostrada.
El público en pie, pide una oreja casi la totalidad de la plaza, el presidente no se demora en concederla y el público sigue pidiendo más, miro a Presidencia y observo que el presidente comenta, se asesora, decide premiarme con otro trofeo, gracias mil gracias.
Me acerco al Alguacil, que me espera con los trofeos en la mano, nos abrazamos y saludamos, gracias, y ahora es cuando noto mi corazón bombeando a mil por segundo, como si se me fuera a salir del pecho, e inicio el paseíllo intentando tranquilizarme, saludando y agradeciendo, estoy feliz.  GRACIAS.


miércoles, 19 de agosto de 2015

48 HORAS

Sentí como mi cuerpo se desplomaba en el camastro que había quedado libre. No me quedaban fuerzas ni para adoptar una postura cómoda, solo quería permanecer en esa posición, quieta, y dormir. Cerré los ojos e intente anular cualquier recuerdo de esas ultimas cuarenta y ocho horas, poner mi mente en blanco, pero era imposible, note que las lágrimas afloraban en mis ojos, y mi mente se llenaba de múltiples imágenes, niños sin padres, madres buscando a sus hijos, maridos llorando a sus mujeres muertas, esposas desoladas por la desaparición de su marido, un constante sonido de lamentos, sollozos, gritos, unos de dolor otros intentando poner un poco de orden en todo ese caos.
No tuve que pensar cuando me llamaron informándome que salía un dispositivo de 15 personas a la zona del siniestro y preguntando si estaba disponible. De hecho hacía poco menos de media hora que había visto la noticia en internet,  como si de un presagio se tratase, mentalmente ya me había preparado por si recibía esa llamada.
Organice mi mochila, cogí un taxi y me dirigí al aeropuerto para reunirme con el resto de compañeros, ya conocía a varios de ellos. Nos saludamos y fuimos tomando asiento en el aeroplano, nos acomodamos y el jefe de equipo nos fue informado de la situación real, asigno a  cada uno de nosotros las funciones que desempeñaríamos a nuestra llegada, el tiempo corría en contra. El ya había hablado con el personal que se encontraba en tierra y había informado de nuestra llegada, sabía perfectamente que esperaban de nosotros y cómo íbamos a prestarles nuestra ayuda. Nos recomendó o casi diría nos ordenó que aprovecháramos las horas de vuelo, para dormir y descansar algo, porque cuando llegáramos nos sabríamos cuando podríamos volver a hacerlo.
A la llegada al destino, un par de vehículos nos esperaba a pie de pista para llevarnos al hospital de campaña sin pérdida de tiempo, ya llegaría nuestro equipaje.
Fue un recorrido de casi dos horas, que nos hizo intuir la gravedad de la situación. Por mucho que nos lo hubieran explicado, por muchas otras catástrofes que hayas asistido, cada una se supera a la otra, cada una te deja un desgarro en el corazón, pero también y por eso vuelves, la satisfacción de que tu esfuerzo, tu conocimiento y tu energía ayuda a muchas personas que lo han perdido todo.
No tuve tiempo ni de pensar, uno de los auxiliares que nos esperaba, se dirigió a mi, ni su ingles ni el mío, eran fluidos pero si lo suficiente como para entendernos y saber que teníamos que hacer.
Y entre por primera vez en la sala, una sala repleta de gente de todas las edades, el olor a sangre seca, vómitos y podredumbre me revolvieron el estómago, solo dos segundos y una arcada bastaron para superar ese primer impacto.
Inmediatamente, fui revisando una por una, cada una de personas que allí se encontraban, tenía que hacer un primer diagnóstico, para averiguar la gravedad de sus lesiones e iniciar un protocolo de actuación, es increíble como en esos momentos todos tus sentidos emocionales quedan bloqueados y tu mente empieza a trabajar de manera autómata, analizando y decidiendo de manera rápida e imparcial, quien debe ser atendido de urgencia y quien puede seguir soportando el dolor de sus heridas físicas y también mentales.
No fui consciente del tiempo que permanecí en esa sala, ya no oía, ni olía, ni siquiera sentía cansancio, necesitaba seguir, seguir ayudando en lo que mi capacidad daba de si.
Llegué a la altura de una señora de aproximadamente 75-80 años, que se hallaba tendida en el suelo, examine su cuerpo y pude apreciar una rotura en su pierna izquierda, y un trozo de hierro  clavado en la derecha, que de manera casi milagrosa estaba haciendo de tapón y consiguiendo que no se desangrara, sin que por ello se pudiera evitar la infección que le estaba ocasionando. Llamo mi atención que a pesar del indiscutible dolor que debía de estar sintiendo, su cara reflejaba una sonrisa, como si nada pasara y todo estuviera bien, solo en ese momento fui consciente de que agarrada a su mano, y sin soltarla en ningún momento había una niña de poco más de dos años, sus grandes ojos negros me miraron y me regalo una bella sonrisa, al tiempo que con su otra mano acariciaba mi cara en un gesto de agradecimiento, yo también sonreí, y le devolví la caricia.
Fue entonces cuando entendí la grandeza del gesto conmovedor de la que parecía su abuela, pues manteniendo su sonrisa conseguía que la niña en medio de tanto dolor y desesperación mantuviera la esperanza.
Me deje invadir por ese sentimiento de amor  y note como mi cuerpo ahora si conseguía relajarse, y solo entonces me quede dormida.



lunes, 27 de abril de 2015

VACACIONES

Tras varias horas de vuelo, por fin llegamos. La emoción me embargaba, y deseaba llegar al hotel, dejar las maletas quitarme la ropa y ponerme el bikini y el pareo para dirigirme directamente a la piscina.
Estuve a punto de no meter nada mas en la maleta, pero pensé que en algún momento me apetecería hacer algo mas que estar tumbada al sol, en la hamaca de la playa.
Casi sin darme cuenta ya estaba instalada, había seguido mi ritual de cada viaje, coloque la ropa en el armario los enseres de aseo en el baño, los zapatos ordenados y el reloj en el fondo de maleta. Ahí te quedas hasta dentro de una semana, cerré  la cremallera y ese sencillo gesto me hizo sentir lo que tanto estaba ansiando, estaba de vacaciones.
Llevaba todo lo que necesitaba para el resto del dia, mi bolsa, la crema para el sol, mis gafas, y un libro que había empezado en varias ocasiones y nunca había conseguido leer más de cinco paginas.
Eche un vistazo a mi alrededor y vi una hamaca bien situada cerca de la piscina y con vistas al mar, donde podría bajar a bañarme siguiendo el pequeño sendero que llevaba a la playa privada
Respire profundamente, y me acomode, coloque la hamaca haciendo un angulo casi de 120 grados, lo que me permitía tener una postura cómoda y además no perder de vista todo lo que allí pudiera pasar.
Y no era mucho lo  que pasaba, o al menos nada que llamara mi atención. Tome el libro entre  mis manos y me entregue a la lectura.
Fue la sequedad de mi garganta y el leve hilo de saliva que me notaba en la comisura de los labios lo que me saco con un sobresalto del profundo sueño en el que me encontraba.
No me lo podía creer, que horror, el libro caído a un lado, la piscina llena de gente, mi cuerpo sonrosado y un sentimiento de vergüenza a flor de piel.
Se encuentra bien?, me pregunto mientras se acercaba uno de los camareros.
Si, si… por qué?
La he oído dar un pequeño grito y creí que le ocurría algo.
Grito? Pero que has hecho, mientras dormías.
Afortunadamente, me ofreció una bebida, y un trago refrescante, calmo la ansiedad  que por unos minutos se estaba apoderando de mi. Pero bueno que haces…. Es que crees que nadie de los que están aquí se han quedado dormidos alguna vez….pensé y poco a poco fui recobrando la calma y notando una sensación de hambre, que me animo a dirigirme al restaurante que había en la parte posterior.
Fueron transcurriendo las horas y cada vez mas me sentía entregada a la agradable sensación de no tener nada que hacer.
Alquile una de la bicicletas y di un paseo a lo largo del lado oeste de la costa de la isla, en apenas hora y media, podría recorrer la costa entera, pero eso seria otro día, por hoy ya estaba bien.
Volvi a la habitación me duche y me vestí, para bajar a cenar. El amplio salón del restaurante tenía ya un gran numero de mesas ocupadas, el camarero me acompaño hasta una situada al lado de la ventana desde donde podía ver un  bello jardín de plantas y flores exóticas, rodeado de fuentes, que incitaba como todo en aquel lugar a la  relajación y al descanso.
Me sorprendí observando atentamente a un joven, que se había sentado en unos de los bancos de hierro forjado que estaban distribuidos estratégicamente por todo el jardín.
Reposaba su cabeza en el respaldo y permanecía con su cuerpo estirado, parecía cansado. Vestía pantalón oscuro y camisa clara, que podría medir? un metro ochenta, unos treinta y tantos quizá cuarenta?, solo la pregunta, de desea algo mas? Me distrajo de mi objetivo, el cual había desaparecido, cuando devolví la mirada al banco en cuestión.
La noche transcurrió sin mas y el cansancio consiguió que durmiera toda  la noche, alejando completamente de mi la sensación de jet lag.
Amanecí con ganas de actividad y después de tomarme un suculento desayuno y saborear un riquísimo zumo de frutas. Me dirigí al centro de actividades, elegí un pequeño pack que me permitía visitar varias islas de alrededor, hacer un poco de snorkel y disfrutar de un poco de aventura en kuack, un poco de acción.
Fue en el embarcadero, donde volví a encontrarme con mi amigo del banco, en esta ocasión su indumentaria era más informal, y pude apreciar, su ancha espalda y su pelo, con un largo  que le cubría la nuca, y  que te permitiría hacer desaparecer los dedos de tu mano al acariciarlo.
Interesante.
El desplazamiento en barco fue algo accidentado, pero mereció la pena llegar a Isla Monde y disfrutar de sus aguas transparentes color esmeralda, y de sus corales.
Entre idas y venidas a diferentes zonas de la isla fueron pasando los días y el fin de aquellas maravillosas vacaciones estaba a punto de llegar. Nunca creí que hubiera disfrutado tanto montando en moto acuática, surcando el mar y sintiendo el aire y el agua en la cara, o conduciendo a través de la selva viendo mariposas mas grandes que la palma de mi mano.
No era muy amiga de hacer fotos, se que todo aquello quedaría grabado en mi recuerdo, para mi era suficiente.
Por ser mi último día, decidí  dedicarlo por entero a la nada y al todo cuidado de mi misma, así como fue el primero quería que fuera el último, disfrute de la piscina, de la playa, de un tranquilo paseo a lo largo de la costa de deliciosa comida local, a base de pescado fresco y una sabrosa ensalada de frutas, papaya, mango, naranja…  al llegar la tarde y después de haber nadado en el mar por ultima vez, subi a la habitación para darme un relajante baño de espuma, hidrate mi cuerpo con el body milk , natural que había comprado en unos de los puestos ecológicos del puerto. Me vesti lentamente, quería que estas ultimas horas, se alargaran lo máximo posible, elegi para esta ocasión, el vestido estampado, de espalda al aire, atado a mi cuello, y con el suficiente escote como para llamar ligeramente la atención pero sin ser excesivo y que todas las miradas se centraran en esa parte de mi cuerpo, sandalias de tacón medio, un poco de color en las mejillas y un tono rouge en los labios.
Mi pelo estaba sedoso, gracias  a la mascarilla que durante un buen rato había dejado hacer su efecto en el y que había dado los resultados esperados, me había costado pero por fin tenia la melena que tanto había deseado tener.
Me sentía perfecta, preparada para disfrutar de esta última noche, como era costumbre me dirigí al restaurante y como cada noche, Jonas me acompañaba a la mesa de la ventana, después de una semana, conocía de sobra mi rutina y me sirvió una copa de vino blanco frio, la cual me bebería mientras elegía de la carta mi cena.
Me deje aconsejar, y mientras saboreaba el rico coctel de marisco, le vi de nuevo. Alli estaba  en el mismo lugar, en el mismo banco, le observaba cuando se giro y dirigió su mirada hacia mi, sonreí y mantuvimos la mirada, hasta que de nuevo, el oportuno camarero me hizo una pregunta en relación a la cena.
Una vez mas y como si de atrapada en el tiempo se tratara, cuando volví la mirada, el chico misterioso ya no estaba allí, seguí degustando mi cena y saboreando el rico vino que había elegido para acompañarla, notaba que en mi cara se dibujaba una sonrisa recordando la extraña situación.
Fue entonces y al tiempo que pedía permiso para acompañarme, el misterioso hombre se sentó en mi mesa,  justo para el postre.
En otro momento y en otro lugar, seguramente que esa actitud de sobrado me hubiese molestado, y dándome por ofendida, le hubiera invitado a abandonar mi mesa, pero yo me iba mañana y me apetecía mantener una conversación con ese hombre atractivo, que al final había tenido la suerte de conocer.
Hablamos de la isla, del hotel, de la gente del lugar, los turistas, de los vinos, la playa, las estrellas de mar, la conversación y las carcajadas fluían como si de dos buenos amigos se hubieran juntado para celebrar algo.
Nos fuimos al lobbing bar, donde tomamos varios cocteles, que poco a poco fueron haciendo efecto, y que aligeraron la conversación, volviéndola más intima y personal, sin apenas darme cuenta, estábamos hablando el uno al lado del otro, acariciando nuestras manos y por momentos sentía su mano en mi pelo o la mía en su pierna,  estábamos cerca, tan cerca, que el siguiente paso fue un beso, uno tras otro, que nos llevaron a la habitación, suavemente se deshizo de mi vestido y yo de su camisa, nos acariciábamos y sentíamos la respiración que acompasábamos al ritmo de los besos, no había ya nada entre nosotros y fueron nuestros cuerpos los que hablaron a partir de ese momento, una  y otra vez nos entregamos hasta que exhaustos nos quedamos dormidos.
Y como si de un pesadilla se tratase, nuevamente la sequedad de mi garganta  un ligero hilo de saliva que sentía en la comisuras de mis labios, me sacaron brutalmente, de ese delicioso sueño.
Donde estaba, donde estaba el misterioso joven atractivo del banco del jardín, no tenia tiempo de mas preguntas, tenia que estar lista en una hora, mi vuelo de vuelta a casa saldría en cuatro y debía estar en el aeropuerto al menos dos antes.
Recogí mi equipaje con el dulce recuerdo de la última noche, avise al servicio de habitaciones y tome un pequeño tentempié, estaba prepara y entregado las llaves en recepción, cuando una señorita muy amable salió de detrás del mostrador con un paquete en la mano.
Disculpe pero esto lo han dejado para Ud., que tenga buen viaje.

Las rutinas de embarque se sucedieron una tras otra, y solo cuando ya estaba sentada en mi asiento,  fue cuando pude abrir la cajita que me habían entregado al salir del hotel. Una llave. Habitación 3003. Para cuando desees volver. 

jueves, 18 de diciembre de 2014

EMPEZAR A VIVIR

Notaba que me estancaba, que no me sentía viva y que los días pasaban sin pena ni gloria, sin alegría.
Cada día era una rutina aburrida que alargaba las horas de forma interminable mientras que la luz del sol iluminaba la ciudad, pero al caer la tarde y llegar la noche, cuando más quería refugiarme en el calor de mi hogar, desaparecer entre las sabanas de mi cama, convirtiéndome en casi algo imperceptible al mundo, transcurrían las horas de manera más rápida, como si quisieran avocarme a un nuevo castigo, que era el día siguiente.
Me sentía ahogada, triste, malhumorada, sin vida. Había dejado que la pena se apoderase de mi cuerpo y de mi alma, mis ojos no brillaban, y creía haber olvidado sonreir.
Donde me había abandonado, en que momento de mi existencia me había perdido, como había llegado a ese lugar oscuro donde me encontraba. Ni lo recordaba, hacía ya tanto tiempo que me encontraba allí, que ya no sabía cómo había llegado.
Y de la misma forma imperceptible, empezó el cambio, poco a poco, la luz fue entrando por un recóndito rinconcito de mi corazón, que minuto a minuto, hora a hora, día a día, fue bombeando esa alegría hasta el resto de mi ser, hasta conseguir que mis mejillas sonrosaran, mis ojos recobraran su color azul y mi sonrisa se anclara en mi rostro.
Poco a poco abandone la desidia, decidí quererme un poquito más, y un poquito más, convirtiéndome en lo más importante de mi vida, ahora era yo, me tocaba a mí, decidí que había llegado mi momento.
No era momento de pensar, era el momento de actuar, de tomar decisiones, de coger el toro por los cuernos y de vivir
Por eso no dude, no necesite tiempo para tomar la que creo será una de las mejores decisiones de mi vida, cambiar de aires, de trabajo, de ambiente, cerca de lo que aquí dejaba, y me daba felicidad, mi familia, pero lo suficientemente lejos, de lo que me convirtió en una persona sin luz.
Había hecho la maleta justo el día anterior, que poco necesitas cuando quieres empezar de nuevo, que bueno viajar sin equipaje, sin cargas, cuando todo está por vivir, por empezar.
Me acomodé en mi asiento, para poder disfrutar del viaje. El tren inició su recorrido,  entre una mezcla de sentimientos de los que dejábamos la estación y de los que allí se quedaban agitando su manos y lanzando besos al aire. No sabría decir quienes emanaban más felicidad o tristeza, pero lo que si era evidente era la emoción de unos y otros.
Apoye mi cabeza en el respaldo, cerré los ojos y respire profundo, los primeros minutos de mi nueva vida estaban empezando y no quería perderme ni un segundo. Mire a través del cristal el paisaje que me daba la sensación ir dejando atrás de una manera lenta, el sol brillaba y el campo lucía sus mejores colores, mientras que en algunas zonas del recorrido, su verde frescor servía de alimento a los animales, que tranquilamente pastaban, ajenos a paso de esa máquina de hierro, que atravesaba pueblos y ciudades,  sentía como si también la naturaleza me hablase y me diera la bienvenida.
El tren paro, habíamos llegado a mi destino, baje despacio los escalones del vagón, cogí mi maleta con decisión, y avance hasta la estación,  pregunte por la dirección que me habían dado. No estaba muy lejos de allí, y camine tranquilamente hasta que me encontré delante de la puerta de lo que a partir de ese momento sería mi hogar y mi trabajo, una pequeña casa de labranza que iría redecorando y reconstruyendo al mismo tiempo que lo haría con mi vida, hasta que ambas estuviéramos preparadas para recibir, la casa,  a quien quisiera pasar unos días de descanso y desconexión, y yo,  a quien quisiera pasar a mi lado,  sus días sin más.



viernes, 26 de septiembre de 2014

Cuando el amor es pecado


Los limpiaparabrisas, no eran suficiente para quitar todo el agua que estaba cayendo, la poca visibilidad se agravaba por el llanto de mis ojos.
Aun así seguía conduciendo, no quería llegar a mi destino, quería conducir y conducir, con el único deseo de huir de mi dolor, pero no podía ir muy lejos me estaban esperando y si  aun tardaba un poco mas, empezarían a preocuparse, y cuando llegara no bastaría con una simple excusa de que había atasco.
Enjuagué mis lágrimas, e intente esbozar una sonrisa en mi rostro, al entrar me aferré a mi bolso y a la carpeta que traía del trabajo e intente dirigirme a mi habitación sin cruzarme con nadie, y darme tiempo a reponerme antes de la cena y poder afrontar el encuentro con  las hermanas sin ningún síntoma en mi cara, de que hoy no había sido un buen día.
La cena transcurrió con total  normalidad, manteníamos diversas conversaciones hablamos de como nos había ido el día a cada una, limpiamos y tuvimos nuestro momento de recogimiento, después cada una de nosotras, nos dirigimos a nuestras habitaciones y por fin sentí tranquilidad.
Me senté en la cama y empecé a leer mi libro de cabecera, pero no podía concentrarme en la lectura, mi mente me llevaba a un solo momento a un solo pensamiento. Como había llegado a encontrarme en esta situación.
Quizá en otros momentos hubiera sido más comprensible, pues había pasado épocas de dudas de incertidumbre de no saber si el camino que había elegido y mis decisiones de vida habían sido las correctas, si de verdad mi compromiso con la comunidad era lo que quería para mi vida y gracias a la oración y al consejo y enseñanza de mi confesor, había conseguido superarlo.
Por qué ahora, precisamente ahora que no tenía dudas, que estaba desempañando funciones fuera del convento, trabajando en el colegio, precisamente ahora que toda mi familia por fin había aceptado mi condición de religiosa, precisamente ahora tuviste que aparecer tu, para poner patas arriba todas mis creencias  y convicciones.
No puedo recordar en qué momento permití que formaras parte de mi vida, cuanto tiempo hace que nos conocemos cuatro, cinco años, no lo recuerdo, solo se que cuando yo me incorporé al colegio de la congregación tu ya formabas parte de la plantilla.
Es cierto que al principio no coincidíamos mucho, pero de un tiempo a esta parte y debido a los ajustes que se han tenido que hacer en el profesorado hemos pasado más tiempo juntos, no me había dado cuenta de lo que estaba ocurriendo hasta que fui consciente de que te echaba de menos, que deseaba que llegara el día siguiente para encontrarnos en los pasillos o vernos en la sala de reuniones, junto con el resto de profesores, me gusta verte sonreir y me alegra el hecho de que me saludes.
Lo pienso y me parece ridículo, me recuerda a cuando tenía quince años y estaba enamorada del guaperas del instituto. Que vergüenza.
Solo el hecho de estar teniendo estos recuerdos me hacen sentir culpable, necesito estallar, necesito confesar mis sentimientos, creo que solo el hecho de expresarlos, liberarían mi mente y me daría paz, pero a quien puedo contarle lo que siento.
A quien le digo que siento el calor de tu cuerpo cuando estas cerca de mi, que con tan solo tu mirada me haces estremecer, que me gustaría poder ser una mujer normal y salir contigo y hablar horas y horas, pues me encanta tu conversación, tenemos tantas cosas en común, que me gustaría ir al cine, a un restaurante, a un teatro, has hecho que desee llevar una vida, lejos de mis obligaciones, lejos de mis compromisos, lejos del convento.
Y lo peor de todo es que siento que tu me buscas como yo, que tu también quieres estar conmigo, que cambiaste tu actitud al enterarte de mi condición, pero aún  así sigues buscando mi mirada en nuestras reuniones, sigues buscando un encuentro a la hora del café, tan solo para preguntarme que tal, y pienso, que no es justo, ni para ti ni para mi. Que yo creo saber quién soy y que esto tan solo es una prueba que he de superar y que superaré y que tú  encontraras alguien, que te aportara la felicidad y el amor que yo nunca te podre dar.
No puedo permitirme lo de hoy, no puedo permitir dejarme llevar por mis sentimientos actuales, no puedo volver a dejar que te acerques tanto a mí que tan solo un hilo de aire separe nuestros labios, no volverá a ocurrir, pido perdón desde lo más profundo de mi corazón, por traicionar mi promesa a Dios, mi entrega entera al Señor, me arrodillo, y rezo poniendo toda mi alma en ello, deseando que mis plegarias sean escuchadas y me devuelvan la calma y la paz que tanto anhelo, y que retome el sentimiento  de un amor incondicional a la comunidad, y al ser humano en  general, un amor puro sin deseo carnal.   

Y me quedo dormida, y lo hago con el deseo de volverte a ver mañana, de que te acerques a mi, y beses mi mejilla para darme los buenos días, y sea esa la mayor de mis culpas, y rezare cada noche, para  superar este sentimiento que aun siendo amor  es pecado.