Son las cinco de la tarde, todos los rituales han sido
llevados a cabo con minuciosa pulcritud y sensibilidad.
Me coloco frente a chiqueros y muerdo el capote, templo los
nervios y el miedo. El primero está a punto de salir, la plaza está llena, y
salvo un leve murmullo el silencio invade los sentidos. Me ajusto la montera y
aflojo el cuello.
Afortunado se llama el castaño bizco, que me ha tocado en
suerte, y con el que espero poder hacer una buena faena, y agradar a este público,
que siempre sabe responder ante la entrega y el riesgo.
Me coloco, y tengo un único deseo: Virgen de la
misericordia, protégeme con tu manto, abren y Afortunado sale directo hacia mi.
Te recibo con una verónica y sales desviado por la derecha
me vuelvo y consigo llamar de nuevo tu atención, tiendo el capote y vuelves a
mi, esta vez pasas en corto y enseguida vuelves, una media verónica te muestra
el camino y te coloca para el tercio de
varas.
El tercio ha sido bueno, consigo hilvanar buenos capotazos,
donde te siento tan cerca que nos rozamos, y regresas cercano,
la chicuelina frena tu paso y te coloca para el tercio de banderillas. Me
gusta tu enviste por la izquierda.
Cambio el capote por la muleta y te observo, mis subalternos
te sacan a los centros y nos miramos.
Me quito la montera, le he pedido permiso al Presidente para
brindarte al público, en estos tiempos, más que nunca, se merecen agradecerles
que estén ahí, a pesar de las críticas a pesar del daño que nos están haciendo
algunos, ellos son fieles a nuestro
sentimiento. Gracias de corazón. Va por Udes. Lanzo hacia atrás la montera por
encima de mi hombro y cae, la suerte
esta de cara, no lo veo pero lo noto en el sentir del público. Vamos allá.
Ahora eres tu el que me espera, el que me mira inquieto,
viendo como me acerco lentamente, ajustando la muleta a la espada sin perderte
ni un momento de vista.
Ya estoy cerca, muy cerca, empieza el arte, aunque haya
mucha gente que no lo entienda, siento que este es uno de los momentos más
bonitos de mi vida, justo este, en el que tu y yo medimos nuestras fuerzas, a
sabiendas de que al final, solo podrá quedar uno, me gustaría que todos experimentaran
el sentimiento, cuando lanzo mi capote y tu entras y acompasas mis naturales
con especial medida, cerca pero sin rozarme, me sigues con la mirada, estas
pendiente de cualquier fallo que pueda tener, esa será tu oportunidad de
marcarme con tu fuerza y decirme que aquí somos dos los que peleamos por
nuestra vida, y te respeto y entiendo que sea así, tu nobleza me permite
agradar, sigo por naturales y remato con
un pase de pecho que consigue el aplauso del respetable. Pero tu no
te rindes, tienes mucho que decir todavía, el cuerpo a cuerpo no ha terminado y
hasta el último momento darás muestra de tu bravura, y me dejaras claro que no
va a ser fácil, me dejas acariciarte nuevamente mientras pasas a mi lado y
ejecuto una manoletina, todo va bien, tu entrega es admirable si alguien
pudiera entender el agradecimiento que te tengo en este momento, como te estas
entregando a la lidia, como sigues mis lances pero ahí estas tu, para
recordarme quien eres, me despojas de la muleta y un grito seco se escucha,
consigo revolverme y hacerme de nuevo con ella, tranquilo, no pasa nada,
tranquilo. Dame un poquito más, el pase cambiado por la espalda, marca que el
final está cerca.
Y llega el momento, cambio la espada y miro al cielo, quédate
conmigo un poquito más virgencita…. Nos colocamos ambos, eres noble hasta el último
momento, como si supieras el desenlace te colocas frente a mi y como si
reconocieras mi valor, agachas tu cabeza, te entregas por completo, lo noto y
me coloco, alzo el brazo, coloco mi mano, empuño fuerte la espada, mis piernas están
colocadas una por delante de la otra, inclino la muleta, extiendo mi cuerpo
hacia delante y avanzo con seguridad, noto como la espada se introduce en tu
cuerpo y toco tu lomo con mi mano, ya está… digna muerte para un animal de
bravura demostrada.
El público en pie, pide una oreja casi la totalidad de la
plaza, el presidente no se demora en concederla y el público sigue pidiendo más,
miro a Presidencia y observo que el presidente comenta, se asesora, decide
premiarme con otro trofeo, gracias mil gracias.
Me acerco al Alguacil, que me espera con los trofeos en la
mano, nos abrazamos y saludamos, gracias, y ahora es cuando noto mi corazón bombeando
a mil por segundo, como si se me fuera a salir del pecho, e inicio el paseíllo intentando
tranquilizarme, saludando y agradeciendo, estoy feliz. GRACIAS.