viernes, 26 de septiembre de 2014

Cuando el amor es pecado


Los limpiaparabrisas, no eran suficiente para quitar todo el agua que estaba cayendo, la poca visibilidad se agravaba por el llanto de mis ojos.
Aun así seguía conduciendo, no quería llegar a mi destino, quería conducir y conducir, con el único deseo de huir de mi dolor, pero no podía ir muy lejos me estaban esperando y si  aun tardaba un poco mas, empezarían a preocuparse, y cuando llegara no bastaría con una simple excusa de que había atasco.
Enjuagué mis lágrimas, e intente esbozar una sonrisa en mi rostro, al entrar me aferré a mi bolso y a la carpeta que traía del trabajo e intente dirigirme a mi habitación sin cruzarme con nadie, y darme tiempo a reponerme antes de la cena y poder afrontar el encuentro con  las hermanas sin ningún síntoma en mi cara, de que hoy no había sido un buen día.
La cena transcurrió con total  normalidad, manteníamos diversas conversaciones hablamos de como nos había ido el día a cada una, limpiamos y tuvimos nuestro momento de recogimiento, después cada una de nosotras, nos dirigimos a nuestras habitaciones y por fin sentí tranquilidad.
Me senté en la cama y empecé a leer mi libro de cabecera, pero no podía concentrarme en la lectura, mi mente me llevaba a un solo momento a un solo pensamiento. Como había llegado a encontrarme en esta situación.
Quizá en otros momentos hubiera sido más comprensible, pues había pasado épocas de dudas de incertidumbre de no saber si el camino que había elegido y mis decisiones de vida habían sido las correctas, si de verdad mi compromiso con la comunidad era lo que quería para mi vida y gracias a la oración y al consejo y enseñanza de mi confesor, había conseguido superarlo.
Por qué ahora, precisamente ahora que no tenía dudas, que estaba desempañando funciones fuera del convento, trabajando en el colegio, precisamente ahora que toda mi familia por fin había aceptado mi condición de religiosa, precisamente ahora tuviste que aparecer tu, para poner patas arriba todas mis creencias  y convicciones.
No puedo recordar en qué momento permití que formaras parte de mi vida, cuanto tiempo hace que nos conocemos cuatro, cinco años, no lo recuerdo, solo se que cuando yo me incorporé al colegio de la congregación tu ya formabas parte de la plantilla.
Es cierto que al principio no coincidíamos mucho, pero de un tiempo a esta parte y debido a los ajustes que se han tenido que hacer en el profesorado hemos pasado más tiempo juntos, no me había dado cuenta de lo que estaba ocurriendo hasta que fui consciente de que te echaba de menos, que deseaba que llegara el día siguiente para encontrarnos en los pasillos o vernos en la sala de reuniones, junto con el resto de profesores, me gusta verte sonreir y me alegra el hecho de que me saludes.
Lo pienso y me parece ridículo, me recuerda a cuando tenía quince años y estaba enamorada del guaperas del instituto. Que vergüenza.
Solo el hecho de estar teniendo estos recuerdos me hacen sentir culpable, necesito estallar, necesito confesar mis sentimientos, creo que solo el hecho de expresarlos, liberarían mi mente y me daría paz, pero a quien puedo contarle lo que siento.
A quien le digo que siento el calor de tu cuerpo cuando estas cerca de mi, que con tan solo tu mirada me haces estremecer, que me gustaría poder ser una mujer normal y salir contigo y hablar horas y horas, pues me encanta tu conversación, tenemos tantas cosas en común, que me gustaría ir al cine, a un restaurante, a un teatro, has hecho que desee llevar una vida, lejos de mis obligaciones, lejos de mis compromisos, lejos del convento.
Y lo peor de todo es que siento que tu me buscas como yo, que tu también quieres estar conmigo, que cambiaste tu actitud al enterarte de mi condición, pero aún  así sigues buscando mi mirada en nuestras reuniones, sigues buscando un encuentro a la hora del café, tan solo para preguntarme que tal, y pienso, que no es justo, ni para ti ni para mi. Que yo creo saber quién soy y que esto tan solo es una prueba que he de superar y que superaré y que tú  encontraras alguien, que te aportara la felicidad y el amor que yo nunca te podre dar.
No puedo permitirme lo de hoy, no puedo permitir dejarme llevar por mis sentimientos actuales, no puedo volver a dejar que te acerques tanto a mí que tan solo un hilo de aire separe nuestros labios, no volverá a ocurrir, pido perdón desde lo más profundo de mi corazón, por traicionar mi promesa a Dios, mi entrega entera al Señor, me arrodillo, y rezo poniendo toda mi alma en ello, deseando que mis plegarias sean escuchadas y me devuelvan la calma y la paz que tanto anhelo, y que retome el sentimiento  de un amor incondicional a la comunidad, y al ser humano en  general, un amor puro sin deseo carnal.   

Y me quedo dormida, y lo hago con el deseo de volverte a ver mañana, de que te acerques a mi, y beses mi mejilla para darme los buenos días, y sea esa la mayor de mis culpas, y rezare cada noche, para  superar este sentimiento que aun siendo amor  es pecado.

1 comentario:

  1. Muy bien representado, espero la segunda entrega con anhelo, quien ganará teniendo en cuenta que solo se vive una vez y la hermana es consciente? Ahí lo dejo...
    Un beso muy grande.

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