Deseaba llegar a casa, despojarme de la chaqueta, los
tacones, la falda…. en definitiva, despojarme por completo de una jornada
laboral aburrida y larga, muy larga, y entregarme a la placentera sensación de
una ducha caliente.
Y no lo dude, abrí la puerta de casa y con ese sencillo
gesto quise que empezara a invadirme la paz que tanto necesitaba, y como había
imaginado en el viaje de vuelta a casa, fui desnudándome dirección al baño,
abrí el grifo del agua caliente, y poco a poco el vapor fue invadiendo la
estancia.
Por fin empecé a sentir el calor del agua sobre mi piel
desnuda, arrastrando con ella, cada llamada de teléfono, cada orden de mi jefe,
cada cotilleo de mis compañeros, el olor a fritanga del restaurante del
polígono, mi propio olor corporal ya transformado a lo largo del día, dejando
atrás el fresco aroma de mi perfume favorito y empezando a dar paso al conjunto
de otros muchos aromas que nada tenían que ver conmigo.
Apoyé mis brazos en alto contra la pared, cerré los ojos y deje
fluir el agua llevándose con ella todo lo negativo del día, me empezaba a
sentir limpia y en ese momento te sentí a mi espalda, sentí una mezcla de susto
y alegría, una pícara sonrisa se reflejó en mi rostro y deje que mi cuerpo se
relajara totalmente. Poco a poco fuiste acariciando cada centímetro de mi pieL,
cubriéndolo con una capa de espuma que me hacía llegar un dulce aroma a rosas…
tus manos se deslizaban suavemente por mis hombros, a lo largo de mis brazos y
retrocedían para no olvidar mi pecho, enjabonabas mi vientre y mi cadera,
alargando la sensación hasta el final de mi espalda, y recorrías mis piernas de
principio a fin, sintiendo como se aflojaban, me había entregado totalmente a
la excitante sensación. De repente oigo un grito que me saca de golpe de mi
ensoñación….
- - Mamaaaaaaaaa, el teleeeefoooonoooooo.
Mi cuerpo se tensa al darme cuenta que el cansancio me había
hecho cerrar los ojos peligrosamente dejándome seducir por un libidinoso deseo,
que nada tenía que ver con la realidad, y que dejaba entrever las carencias de
mi separación, enrolle una toalla alrededor de mi cuerpo y otra en la cabeza y
como buenamente pude y a medio secar, salí de la ducha, y allí estaba mi pequeño
con el teléfono en la mano hablando con mi madre.
- Dime mama....
Oía sin mucha atención las palabras de mi madre, mientras mentalmente tornaba a la realidad y retomaba el control sobre todo aquello que me quedaba por hacer todavía antes de acostarme.
Cinco minutos, solo necesitaba cinco minutos, otra vez será.
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