domingo, 1 de mayo de 2016

CINCO MINUTOS

Deseaba llegar a casa, despojarme de la chaqueta, los tacones, la falda…. en definitiva, despojarme por completo de una jornada laboral aburrida y larga, muy larga, y entregarme a la placentera sensación de una ducha caliente.
Y no lo dude, abrí la puerta de casa y con ese sencillo gesto quise que empezara a invadirme la paz que tanto necesitaba, y como había imaginado en el viaje de vuelta a casa, fui desnudándome dirección al baño, abrí el grifo del agua caliente, y poco a poco el vapor fue invadiendo la estancia.
Por fin empecé a sentir el calor del agua sobre mi piel desnuda, arrastrando con ella, cada llamada de teléfono, cada orden de mi jefe, cada cotilleo de mis compañeros, el olor a fritanga del restaurante del polígono, mi propio olor corporal ya transformado a lo largo del día, dejando atrás el fresco aroma de mi perfume favorito y empezando a dar paso al conjunto de otros muchos aromas que nada tenían que ver conmigo.
Apoyé mis brazos en alto contra la pared, cerré los ojos y deje fluir el agua llevándose con ella todo lo negativo del día, me empezaba a sentir limpia y en ese momento te sentí a mi espalda, sentí una mezcla de susto y alegría, una pícara sonrisa se reflejó en mi rostro y deje que mi cuerpo se relajara totalmente. Poco a poco fuiste acariciando cada centímetro de mi pieL, cubriéndolo con una capa de espuma que me hacía llegar un dulce aroma a rosas… tus manos se deslizaban suavemente por mis hombros, a lo largo de mis brazos y retrocedían para no olvidar mi pecho, enjabonabas mi vientre y mi cadera, alargando la sensación hasta el final de mi espalda, y recorrías mis piernas de principio a fin, sintiendo como se aflojaban, me había entregado totalmente a la excitante sensación. De repente oigo un grito que me saca de golpe de mi ensoñación….
-          - Mamaaaaaaaaa, el teleeeefoooonoooooo.

Mi cuerpo se tensa al darme cuenta que el cansancio me había hecho cerrar los ojos peligrosamente dejándome seducir por un libidinoso deseo, que nada tenía que ver con la realidad, y que dejaba entrever las carencias de mi separación, enrolle una toalla alrededor de mi cuerpo y otra en la cabeza y como buenamente pude y a medio secar, salí de la ducha, y allí estaba mi pequeño con el teléfono en la mano hablando con mi madre.
        - Dime mama....
Oía sin mucha atención las palabras de mi madre, mientras mentalmente tornaba a la realidad y retomaba el control sobre todo aquello que me quedaba por hacer todavía antes de acostarme.
Cinco minutos, solo necesitaba cinco minutos, otra vez será. 



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