lunes, 27 de abril de 2015

VACACIONES

Tras varias horas de vuelo, por fin llegamos. La emoción me embargaba, y deseaba llegar al hotel, dejar las maletas quitarme la ropa y ponerme el bikini y el pareo para dirigirme directamente a la piscina.
Estuve a punto de no meter nada mas en la maleta, pero pensé que en algún momento me apetecería hacer algo mas que estar tumbada al sol, en la hamaca de la playa.
Casi sin darme cuenta ya estaba instalada, había seguido mi ritual de cada viaje, coloque la ropa en el armario los enseres de aseo en el baño, los zapatos ordenados y el reloj en el fondo de maleta. Ahí te quedas hasta dentro de una semana, cerré  la cremallera y ese sencillo gesto me hizo sentir lo que tanto estaba ansiando, estaba de vacaciones.
Llevaba todo lo que necesitaba para el resto del dia, mi bolsa, la crema para el sol, mis gafas, y un libro que había empezado en varias ocasiones y nunca había conseguido leer más de cinco paginas.
Eche un vistazo a mi alrededor y vi una hamaca bien situada cerca de la piscina y con vistas al mar, donde podría bajar a bañarme siguiendo el pequeño sendero que llevaba a la playa privada
Respire profundamente, y me acomode, coloque la hamaca haciendo un angulo casi de 120 grados, lo que me permitía tener una postura cómoda y además no perder de vista todo lo que allí pudiera pasar.
Y no era mucho lo  que pasaba, o al menos nada que llamara mi atención. Tome el libro entre  mis manos y me entregue a la lectura.
Fue la sequedad de mi garganta y el leve hilo de saliva que me notaba en la comisura de los labios lo que me saco con un sobresalto del profundo sueño en el que me encontraba.
No me lo podía creer, que horror, el libro caído a un lado, la piscina llena de gente, mi cuerpo sonrosado y un sentimiento de vergüenza a flor de piel.
Se encuentra bien?, me pregunto mientras se acercaba uno de los camareros.
Si, si… por qué?
La he oído dar un pequeño grito y creí que le ocurría algo.
Grito? Pero que has hecho, mientras dormías.
Afortunadamente, me ofreció una bebida, y un trago refrescante, calmo la ansiedad  que por unos minutos se estaba apoderando de mi. Pero bueno que haces…. Es que crees que nadie de los que están aquí se han quedado dormidos alguna vez….pensé y poco a poco fui recobrando la calma y notando una sensación de hambre, que me animo a dirigirme al restaurante que había en la parte posterior.
Fueron transcurriendo las horas y cada vez mas me sentía entregada a la agradable sensación de no tener nada que hacer.
Alquile una de la bicicletas y di un paseo a lo largo del lado oeste de la costa de la isla, en apenas hora y media, podría recorrer la costa entera, pero eso seria otro día, por hoy ya estaba bien.
Volvi a la habitación me duche y me vestí, para bajar a cenar. El amplio salón del restaurante tenía ya un gran numero de mesas ocupadas, el camarero me acompaño hasta una situada al lado de la ventana desde donde podía ver un  bello jardín de plantas y flores exóticas, rodeado de fuentes, que incitaba como todo en aquel lugar a la  relajación y al descanso.
Me sorprendí observando atentamente a un joven, que se había sentado en unos de los bancos de hierro forjado que estaban distribuidos estratégicamente por todo el jardín.
Reposaba su cabeza en el respaldo y permanecía con su cuerpo estirado, parecía cansado. Vestía pantalón oscuro y camisa clara, que podría medir? un metro ochenta, unos treinta y tantos quizá cuarenta?, solo la pregunta, de desea algo mas? Me distrajo de mi objetivo, el cual había desaparecido, cuando devolví la mirada al banco en cuestión.
La noche transcurrió sin mas y el cansancio consiguió que durmiera toda  la noche, alejando completamente de mi la sensación de jet lag.
Amanecí con ganas de actividad y después de tomarme un suculento desayuno y saborear un riquísimo zumo de frutas. Me dirigí al centro de actividades, elegí un pequeño pack que me permitía visitar varias islas de alrededor, hacer un poco de snorkel y disfrutar de un poco de aventura en kuack, un poco de acción.
Fue en el embarcadero, donde volví a encontrarme con mi amigo del banco, en esta ocasión su indumentaria era más informal, y pude apreciar, su ancha espalda y su pelo, con un largo  que le cubría la nuca, y  que te permitiría hacer desaparecer los dedos de tu mano al acariciarlo.
Interesante.
El desplazamiento en barco fue algo accidentado, pero mereció la pena llegar a Isla Monde y disfrutar de sus aguas transparentes color esmeralda, y de sus corales.
Entre idas y venidas a diferentes zonas de la isla fueron pasando los días y el fin de aquellas maravillosas vacaciones estaba a punto de llegar. Nunca creí que hubiera disfrutado tanto montando en moto acuática, surcando el mar y sintiendo el aire y el agua en la cara, o conduciendo a través de la selva viendo mariposas mas grandes que la palma de mi mano.
No era muy amiga de hacer fotos, se que todo aquello quedaría grabado en mi recuerdo, para mi era suficiente.
Por ser mi último día, decidí  dedicarlo por entero a la nada y al todo cuidado de mi misma, así como fue el primero quería que fuera el último, disfrute de la piscina, de la playa, de un tranquilo paseo a lo largo de la costa de deliciosa comida local, a base de pescado fresco y una sabrosa ensalada de frutas, papaya, mango, naranja…  al llegar la tarde y después de haber nadado en el mar por ultima vez, subi a la habitación para darme un relajante baño de espuma, hidrate mi cuerpo con el body milk , natural que había comprado en unos de los puestos ecológicos del puerto. Me vesti lentamente, quería que estas ultimas horas, se alargaran lo máximo posible, elegi para esta ocasión, el vestido estampado, de espalda al aire, atado a mi cuello, y con el suficiente escote como para llamar ligeramente la atención pero sin ser excesivo y que todas las miradas se centraran en esa parte de mi cuerpo, sandalias de tacón medio, un poco de color en las mejillas y un tono rouge en los labios.
Mi pelo estaba sedoso, gracias  a la mascarilla que durante un buen rato había dejado hacer su efecto en el y que había dado los resultados esperados, me había costado pero por fin tenia la melena que tanto había deseado tener.
Me sentía perfecta, preparada para disfrutar de esta última noche, como era costumbre me dirigí al restaurante y como cada noche, Jonas me acompañaba a la mesa de la ventana, después de una semana, conocía de sobra mi rutina y me sirvió una copa de vino blanco frio, la cual me bebería mientras elegía de la carta mi cena.
Me deje aconsejar, y mientras saboreaba el rico coctel de marisco, le vi de nuevo. Alli estaba  en el mismo lugar, en el mismo banco, le observaba cuando se giro y dirigió su mirada hacia mi, sonreí y mantuvimos la mirada, hasta que de nuevo, el oportuno camarero me hizo una pregunta en relación a la cena.
Una vez mas y como si de atrapada en el tiempo se tratara, cuando volví la mirada, el chico misterioso ya no estaba allí, seguí degustando mi cena y saboreando el rico vino que había elegido para acompañarla, notaba que en mi cara se dibujaba una sonrisa recordando la extraña situación.
Fue entonces y al tiempo que pedía permiso para acompañarme, el misterioso hombre se sentó en mi mesa,  justo para el postre.
En otro momento y en otro lugar, seguramente que esa actitud de sobrado me hubiese molestado, y dándome por ofendida, le hubiera invitado a abandonar mi mesa, pero yo me iba mañana y me apetecía mantener una conversación con ese hombre atractivo, que al final había tenido la suerte de conocer.
Hablamos de la isla, del hotel, de la gente del lugar, los turistas, de los vinos, la playa, las estrellas de mar, la conversación y las carcajadas fluían como si de dos buenos amigos se hubieran juntado para celebrar algo.
Nos fuimos al lobbing bar, donde tomamos varios cocteles, que poco a poco fueron haciendo efecto, y que aligeraron la conversación, volviéndola más intima y personal, sin apenas darme cuenta, estábamos hablando el uno al lado del otro, acariciando nuestras manos y por momentos sentía su mano en mi pelo o la mía en su pierna,  estábamos cerca, tan cerca, que el siguiente paso fue un beso, uno tras otro, que nos llevaron a la habitación, suavemente se deshizo de mi vestido y yo de su camisa, nos acariciábamos y sentíamos la respiración que acompasábamos al ritmo de los besos, no había ya nada entre nosotros y fueron nuestros cuerpos los que hablaron a partir de ese momento, una  y otra vez nos entregamos hasta que exhaustos nos quedamos dormidos.
Y como si de un pesadilla se tratase, nuevamente la sequedad de mi garganta  un ligero hilo de saliva que sentía en la comisuras de mis labios, me sacaron brutalmente, de ese delicioso sueño.
Donde estaba, donde estaba el misterioso joven atractivo del banco del jardín, no tenia tiempo de mas preguntas, tenia que estar lista en una hora, mi vuelo de vuelta a casa saldría en cuatro y debía estar en el aeropuerto al menos dos antes.
Recogí mi equipaje con el dulce recuerdo de la última noche, avise al servicio de habitaciones y tome un pequeño tentempié, estaba prepara y entregado las llaves en recepción, cuando una señorita muy amable salió de detrás del mostrador con un paquete en la mano.
Disculpe pero esto lo han dejado para Ud., que tenga buen viaje.

Las rutinas de embarque se sucedieron una tras otra, y solo cuando ya estaba sentada en mi asiento,  fue cuando pude abrir la cajita que me habían entregado al salir del hotel. Una llave. Habitación 3003. Para cuando desees volver. 

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